CPV: qué son y cómo usarlos correctamente para filtrar licitaciones relevantes para tu empresa
Los CPV (Common Procurement Vocabulary) son el sistema de clasificación que utilizan las administraciones públicas para ordenar y categorizar las licitaciones según el tipo de contrato, servicio o suministro que se va a contratar.
Cada licitación publicada debe incluir al menos un CPV principal y, en muchos casos, varios CPV secundarios.
Su objetivo es facilitar la organización interna y permitir búsquedas más estructuradas.
Sin embargo, el CPV no describe en profundidad el contenido real de una licitación.
Un mismo código puede agrupar contratos con alcances muy diferentes, niveles de complejidad distintos y requisitos técnicos que no tienen nada que ver entre sí. Del mismo modo, una licitación perfectamente alineada con una empresa puede estar clasificada bajo un CPV genérico o complementario que pasa desapercibido si solo se filtra por uno concreto.
Este es uno de los errores más habituales al buscar licitaciones públicas: utilizar el CPV como único filtro.
Cuando se hace así, suelen darse dos situaciones:
– se pierden oportunidades relevantes que no aparecen bajo el CPV esperado
– se invierte mucho tiempo analizando licitaciones que, en realidad, no encajan con la empresa
El uso correcto del CPV pasa por entenderlo como un punto de partida, no como un criterio definitivo.
Para filtrar licitaciones relevantes es necesario complementar los CPV con otros factores clave:
– el alcance real del contrato
– los requisitos técnicos y de solvencia
– el presupuesto y los plazos
– y, sobre todo, el encaje con la estructura y capacidades de la empresa
En definitiva, los CPV ayudan a orientarse, pero no toman decisiones por sí solos.
Filtrar bien no consiste en seguir más códigos, sino en interpretar mejor la información que hay detrás de cada licitación.